
Pasa el día, la semana y el mes, por mi ventana y sigo acá sentada esperando.... esperando el momento que llegue y que debo buscar para encontrar.
El día de desprenderme de este trabajo que tantos dolores, alegrías, miedos y satisfacciones me ha entregado. Atravesar el trayecto de numerosos conflictos y temores que es este trabajo ha sido arduo y lleno de desencuentros, conmigo misma y con mi vocación.
Busco cual será mi “destino” de ahora en adelante, después de terminar este proceso que ha sido más largo pero breve a la vez. Largo por la cantidad de experiencia ganada. Corto en el tiempo para digerir tantas buenas vivencias.
Escudriño entre mis pensamientos y delirios cual será mi mejor opción donde hay diversas oportunidades y ganas de hacer cosas. Pero me paraliza el temor de no saber cual de todas será la correcta.
Lo correcto para quien, para mí, para mis expectativas o para mi Ideal? Esta encrucijada en que vivo constantemente me hace pensar que soy capaz de cualquier cosa a la que le tema, porque la mayor parte de las veces salgo airosa de los momentos en que más tengo la sensación de que todo se derrumba en mí.
Este temor que me moviliza, en los minutos más inesperados hace que de mí salgan los mejores argumentos y explicaciones para defender mi posición.
Cada día noto en mí que las decisiones son más difíciles de tomar, será por el miedo al miedo… ¿Temor a no ser suficientemente buena en lo que decida o en lo que haga? La exigencia que me moviliza es la misma que me tortura en la incapacidad de sentir que no logro de buena forma las cosas.
Es así, como busco siempre la mejor opción y la más exigente que hace que no me sienta muy satisfecha con lo que hago. El auto-boicot de intentar ser mejor pero me exijo cada día más…
¿La búsqueda terminará algún día? Lo más probables es que no…
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