Después de un largo tiempo, aparecen imágenes, situaciones dolorosas y otras que me acercaron a mucha gente, que hasta el día de hoy están siempre presentes. Esos momentos difíciles donde si aparecen las mejores y peores caras de la gente, demuestran si realmente hay afecto, cariño, contención y preocupación por el personaje que tienen al lado que dicen llamar “amigo”.
Este grupo de palabras está dedicado a cada uno de los que estuvo presente esos días, semanas y meses, que fueron bastante difíciles; están cargados de detalles, sensación, olores y colores más opacos por momentos.
El cambio fue mas que necesario y si que tuvo efectos en esta persona, incluso se podría decir que fue el desencadenante de una vorágine de imágenes que se abrieron y mostraron de formas infinitas, al igual que cuando las nubes de un invierno largo y tormentoso se disipan para poder volver a ver el cielo que ya no tiene solo azul, sino de muchos colores y texturas.
Hoy abrir los ojos desde un lugar diferente hace que se vuelvan a mirar las mismas imágenes desde una posición de comprador, como el que esta afuera de una vitrina mirando como los objetos dentro de la tienda son distribuidos.
Mirarlo trae recuerdos de alegría y apoyo de algunos que estuvieron en los minutos mas complejos y también de mucha frustración por esa maldita necesidad masoquista que mantiene a muchas mujeres en este rol de salvadoras de qué y de quienes, es la gran pregunta.
Una cultura donde el matriarcado es predominante y las mujeres son y deben ser multifacéticas y multi-operativas, hace que la renuncia se deba ejercer todos los día en distintos niveles. Y mostrarse vulnerable, susceptible y accesible termina siendo la proeza y lo fue por mucho tiempo, pero siempre había alguna de esas personas y personajes que se filtraba entre las rendijas del caparazón y junto a un té, un cigarro o un trago, brotaban palabras, lágrimas y muchas, muchas emociones.
Abrir el corazón era la consigna implícita, trabajo que ha sido arduo después de tantas dificultades y la clara tendencia al control y rigidez que en minutos ha sido irritante. Dejando fuera ese afán de justificar, si es claro que los patrones estaban viciados y de lo que se huye tiene un poder incalculable a todo nivel.
Llega un momento en el que se vislumbra con clara intensidad como un significante al lado del otro, la riqueza de abrir el corazón. Las dificultades y los dolores que aparecieron en su minuto y la sensación de esta en una gran encrucijada y sortearla de la mejor manera posible, ayudan a mirar-se, y mirar el mundo de una forma diferente. Más abierta y más de corazón, o quizá con el corazón, que antes no era considerado. Volver al centro como dice alguien por ahí y mirar esas necesidades y deseos por completar.
Sueños, alegrías, afectos, personas, recuerdos, abrazos, caricias, lágrimas, mejillas y piel, un millar de cosas que hoy son valoradas por el peso específico que tienen. Dejando se pensar es más fácil actuar con las ganas que nacen desde lo que realmente se quiere hacer.
Los sueños bajo el brazo, con las patas y el buche se consiguen mas cosas de las que se imaginan, y ahí está el asombro, asombro que no debe desaparecer nunca porque el jaque de la vida está en perder esa capacidad por de las que te quita y las que nunca te dará.

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