domingo, agosto 31, 2008

-Desaparición-



Después de la tormenta viene la calma. Esta calma que se mezcla con intranquilidad. Buscando una forma de entender, buscando una forma de saber que todo esto me enseñará algo que me sirva para seguir viviendo, y me encuentro con mi pena y mi dolor. Ese dolor del que la gente habla y dice que puede llegar a destrozar el corazón y la poca cordura que quedaba

Buscando en mis recuerdos de los momentos previos, veo que aparecen imágenes y sensaciones de miedo y desconcierto, por estar en un estado es angustia expectante, aguardando por algo que no lograba definir.

Luego de despertar y levantar mi cabeza ante el mundo, el sábado 23 de agosto, me encuentro con la ausencia que me viene a mostrar el peor de mis miedos. Corría y trataba de encontrar razones lógicas para aquella ausencia, y no lograba calmar mi alma de esa corazonada inquietante. Pasaban los minutos y las horas y llegó el momento que no quería ver, decírselo al mundo. Fui con toda la fortaleza que me quedaba en el corazón en ese momento y enfrenté la realidad de la forma que encontré más correcta. Con mis palabras, le desarmo el corazón esa otra persona, y decidimos tomar cartas en el asunto.

Luego de recurrir a todas las instancias posibles, se escudriña en recovecos dolorosos del pasado, y las circunstancias reales que llevan a la desaparición. Desde esa evidencia, la espera y esperanza se rompe en mi pedazos y todo se trasforma en dolor, y más dolor en el imaginario de todos los allí presentes.

Suena un teléfono y a pesar de tener viva la ilusión, no veo alternativas de vida. Pero todo eso se desmorona a mi favor y solo escucho una frase. “Lo encontraron”.

Corro en su búsqueda, como si el tiempo me acosara por la espalda y la muerte me pisara los talones. Llego a su encuentro con la firme determinación de que el destino me tiene preparado algo mejor de lo que mi alma me grita. Ahí lo veo, sólo necesitaba verlo, escucharlo y sentirlo ahí conmigo, grito por un signo de vida, y la única respuesta que me llega es un leve sonido de respiración. Me duele el corazón y el alma y grito con todas mis fuerzas el dolor que aparece en mí. Empiezo a buscar razones en mi cabeza y solo veo dolor y más dolor.

Luego de tanto pensarlo mientras trato de no conectarme con ese dolor y poder seguir esforzándome por él. Aparecen mis miedos de que el encontrarlo no sea la única preocupación, sino todo lo que podría venir después, como alguna secuela o consecuencias por lo que él hizo.

Llegamos a la clínica y lo veo y lo escucho con la vida más cerca y el alma un poco más unida a ese cuerpo inerte. Pasan los minutos y las horas, lo suben a un lugar de peligro donde tiene que permanecer por algunos días. Algunas horas después, lo veo y logro hablar con él, y me dice que todo lo que hizo fue por temor y valentía. Repite constantemente los minutos y momentos de sufrimiento y dolor por lo que pasó.

Pasan las horas y los días, voy viendo y asimilando lo ocurrido, el dolor empieza a aparecer con más fuerza a medida que él va volviendo a la vida y recuperando lentamente su subjetividad y su alma. Yo me derrumbo entre las cenizas que quedan del incendio que fue su desaparición y su encuentro.

Ahora después de todo lo ocurrido, aparece lo mejor y lo peor de los que me rodean; entre amigos, familiares, y algunos que parecían solo conocidos surgen miles de inquietudes de mi parte y de los demás. Me encantaría saber que esto con el tiempo será un mal recuerdo dentro de nuestras vida juntos, pero en lo más profundo de mi corazón aparece esa maldita corazonada de que esto generará, en ambos cambios fundamentales que no me aseguran un feliz término. Pero en fin, la vida con certezas se muestra como una desaparición de lo que en sí, es la vida, y es así como tendré que enfrentarla.

En este momento no quedan muchas cosas más por decir, todo está en ascuas y en una pausa de reflexión, que saldrá de eso, solo el tiempo lo dirá.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario