
Estos días que vienen siendo semanas ya, recordar lo importante de "decantar".
Hoy se siente la tristeza en el aire, de esos duelos complejos y difíciles de descifrar. Hay doscientas razones para estar en pérdida y otras trescientas para sonreírle a los latidos del mundo.
Como alguien dijo hace pocos días: "el 2013 es mil años en uno", y no está para nada alejado de la realidad interna que ha generado este ultimo año de vida.
Por qué estar triste?
Por los que se alejaron y de los que me alejé, por las experiencias vividas y que no vuelven, por las cotidianas conversaciones y rutinas que cambiaron de un día a otro al volver a esta tierra. Por esa mezcla de libre rebeldía que aparece como wally -en sus libros- cada cuando en vez. Porque a veces el miedo aplaca las sensaciones de libertad que hay interiormente. Por ese entorno demoledoramente rutinario establecido, que deja poco espacio a la aventura y al asombro. Por esos mil parrafos escritos y los que nunca escribí. Por las recompensas internas de luchar por lo que se quiere y las de renuncia honesta de lo que no.
Estas y tantas otras que vienen, por esos duelos que son agonías dilatadas, como los relojes de Dalí. Y los tiempos embellecidos por el paso del calendario.
Hay momentos, como estos en donde las circunstancias, las excusas y los variados argumentos para no decir lo que se quiere, desaparecen.
Soltar, dejar ir, fluir y moverse a nuevas aventuras, es lo que impera... permanecer en la libertad de seguir al propio deseo.
Decir Adiós...

