lunes, febrero 21, 2011

.Cronica de un proceso.



Estaba sentada, una larga y fría noche de invierno en la pieza de un hotel, en quien sabe qué lugar, ella comienza a pensar en sus últimos viajes que la llevaron a conocer diferentes culturas, personas y también personajes.

Recuerda que estando en España una tarde, escuchó una canción y hubo algo que le resonó “Lo lograrás cuando vayas, más allá del intento”.
En un comienzo, no entendió bien la frase, pero luego con el pasar de tiempo le fue encontrando sentido. Vivió experiencias alucinantes y otras muy dolorosas, será que esforzarse más allá de los propios límites es el desafío de la vida. Resulta ser la paradoja de la vida, si pensamos que no tenemos límites excepto nuestro propio pensamiento; quien por ahorro de energía nos demarca lo que nos arma y la vez nos reduce a la mínima expresión o podría decirse también a lo común y corriente.

Ella se levanta de su silla y se dirige al living, donde se recuesta en la alfombra cerca de la chimenea, que prendida la abriga, y vuelve a recordar cuando la madre de la niña enferma le preguntó ¿Qué hacemos ahora?

Al no encontrar respuesta a tan difícil pregunta… Buscó dentro de los recursos racionales y emocionales logrando visualizar un punto de fuga, aquel desde donde nacen los sueños, las metas y la capacidad de crear: La intuición. Esa pequeña hipótesis interior que nos moviliza, nos estremece, nos ayuda y nos llena de miedo. La misma que en algún momento, recorre nuestras células de principio a fin y estremece energías antes sedadas.

Su verdad se vio tan clara, logró entender que existen momentos en que la teoría y la profesión no sirven para nada.

Tomándose de esto, reconoce para sí misma, que lo más difícil de todo esto es la renuncia, aunque parezca un castigo, está en poder dejar fuera la maldita manía de estructurar todo. Esa constante obsesión de mantenerse en calma y armonía aparente.

Suena el teléfono, y tuvo que caminar lejos del calor, recorrió la sala y el pasillo, para tomar el teléfono, y cuelgan. Vuelve hacia el living y vuelve a sonar el teléfono. Llaman de su país para decirle que debe volver de manera urgente, por motivos familiares. En ese momento sintió que era lo peor que le podía pasar.

Con el tiempo, ha logrado entender que ésta vida está hecha de cambios, esa es la gracia, la riqueza y sobre todo el desafío, lanzarse con los brazos abiertos y el corazón rebosante de alegría al juego de la vida.

A la mañana siguiente, toma un avión, de vuelta a su país natal, dejando todo lo construido y todo por lo que lucho tanto tiempo. En este largo viaje y llegando a su ciudad -aprendió que en el cambio esta la ganancia, el aprendizaje y sobre todas las cosas –el duelo- duelo con el que lidiamos con nosotros mismos, con nuestra constante idea humana, de que las cosas se den como los cuentos de hadas, imagos infantiles donde la historia termina en un FIN.

Hoy que ya han pasado más de treinta años desde el primer viaje y la primera aventura, solo anhela poder dejarle un regalo al próximo que pase por esta habitación y ese es este último párrafo…

“Espero que algún día podamos entender y reconocer libremente que el fin siempre es el inicio de algo nuevo, diferente y desconocido. Donde sin lugar a dudas no queremos llegar, por miedo a perder la inercia y comodidad de lo constante que a veces nos ayuda a estar más tranquilos y a sentirnos aparentemente más seguros.”

¿Por qué estar bien, si puedes estar de maravilla,
excelente o como algunos dicen feliz?




Pseudónimo: Sara